9/1/17

ASÍ EJECUTÉ A LUIS XVI


Henri Sanson era hijo, nieto y bisnieto de verdugos. Ejecutó a 2.918 personas, entre ellas a María Antonieta, Robespierre y Luis XVI. Pero la ejecución de éste (1793) le conmovió tanto que escribió unas cartas para contar su  comportamiento sobre el patíbulo. La casa Christie’s las subasta el próximo miércoles y podrían alcanzar un precio de 170.000 euros.
"Cuando descendió de su carroza para la ejecución, le dije que tenía que despojarse de su hábito", narra Sanson en el manuscrito. "Me dio a entender que no quería hacerlo, pero finalmente accedió. También se resistió a que le atáramos las manos. Y preguntó si era necesario que los tambores redoblaran todo el tiempo. Se le dijo que no sabíamos".
Escucha a Luis XVI
El rey tuvo que someterse a la vergüenza que suponía dejarse cortar el cabello por el ayudante del verdugo. Había 100.000 personas contemplando la escena, casi siempre en silencio, aunque de vez en cuando prorrumpían desde el gallinero las consignas justicieras: "¡Muerte a Luis XVI!".
"Su Majestad subió al patíbulo", continúa la carta, "y quiso abalanzarse sobre la parte frontal como si pretendiera pronunciar un discurso. Se le dijo que aquello no era posible. Entonces se dejó conducir hasta el lugar donde fue atado, desde donde exclamó con voz muy alta: ‘Pueblo de Francia, muero inocente’. Después, volviéndose hacia nosotros, dijo: ‘Caballeros, soy inocente de todo cuanto se me ha acusado. Desearía que mi sangre sirviera para consolidar sobre ella la felicidad de todos los franceses".
Era una ceremonia ejemplar, provista de boato y barroquismo inusuales. Cien gendarmes a caballo custodiaban el trayecto del carruaje en las calles de París. Otros tantos oficiales de la guardia nacional aguardaban a los pies de la guillotina para evitar imprevistos de orden público. "En un instante", escribe Charles Sanson, "el rey fue ajustado bajo la plancha fatal. Y en el momento en que la cuchilla iba a caer sobre su cabeza, tuvo tiempo de escuchar la voz del sacerdote que le había asistido en el cadalso. Le decía: ‘Hijo de San Luis, mirad al cielo’".



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